la cena


¿¿Que hacía ella con su pie??
Me preguntaba, mientras me bajaba la cremallera del pantalón
No era que tuviera ganas de ir al aseo, era necesidad de airear
Tenía un bulto enorme en la entrepierna del pantalón
Pidiendo a gritos salir… Exigiendo aire para poder sobrevivir
Un lugar donde realizar estiramientos… Hacer pilates o yoga, pero necesitado de bajar kilos
Embistiendo como un loco, como un poseso… Necesitado de oxígeno y espacio, de inmediato, antes de sufrir un reventón de las venas, un colapso que le llevaran directo al cementerio
Necesitaba espacio




Un calentamiento estaba bien… Pero su pie era en exceso guerrero, no quería amigos, deseaba esclavos que le dieran el placer necesitado
Necesitaba ser dominante… No dominado
Era un conquistador

Pedía guerra
Y mi miembro no aguantó el envite por mucho tiempo… Directamente lanzó un órdago, sin pensar sin saber como saldría la jugada, solo llevado por el enorme calentón

Duro… Tenso y tieso
Totalmente descontrolado por la inesperada jugada, por esa extraña situación
Más por lo inesperado del lugar que por ser indeseada… Era obvio que estaba gozando como un descubridor

Una cena de viejas glorias
De amistades pasajeras
De pasados compañeros de juergas
De ex…
Aburridos y obsoletos
… Jugando al recuerdo barato del tiempo pasado

Y Ella…
Como no...
Enfrente
Se diría que había sido suerte o azar… Pero conociéndola…
Con su sonrisa de siempre, sus labios jugosos, sus ojos...
Todo lo que siempre tuvo, eso que me perdió… Que me llevó de cabeza durante años
Ahora... ¡¡Peor!!
Una mujer hecha y derecha, una belleza, los años la habían regalado lo mejor...
Se habría paso entre las conversaciones insípidas, admitiendo el cortejo de cada uno y dándoles motivos de hinchazón
Entre sonrisa y sonrisa, su pie, mi pantalón, mi entrepierna, mi calentón...
Mientras introducía su pie en mi bragueta, abierta a toda prisa por la improvisación de la situación, su mirada se cruzó con la mía... Silencio tras sus ojos, una leve mueca, una sonrisa…
Ambos sabíamos lo que sucedería a continuación

Mi pie se abrió paso entre las patas de la mesa, las piernas extrañas y ese pedazo de mantel que parecía un cinturón de castidad, dada la necesidad de la improvisación
Con urgencia salvaje introduje mi pie desnudo entre sus piernas, mirando de reojo a ambos lados de la mesa, rojo de sofoco y vergüenza... Rojo como un semáforo por el calentón
Introduje suavemente entre sus piernas mi afilado cuarenta y cuatro, esperando que no fuera un respingo que pudiera en jaque al vecino...
Noté como tenía mojados sus muslos, desde su cueva manaba un manantial que desembocaba directamente en sus tobillos, dejando una mancha húmeda por donde pasaba
Sus rodillas lubricadas, dirigían mi pie a través de su entrepierna hasta su punto débil… Su cueva
Su entrada, para mi sorpresa, estaba abierta de par en par, sin verja ni puerta, con total libertad para pasar

Ella en mi
Yo en ella

Suavemente…

Jugueteando cada uno con su arma en el castillo ajeno, invadiendo, tomando, poseyendo...
El juego empezaba a tornarse más rítmico, más rápido, más intenso, debido al roce y tratamiento de cada uno con el sexo opuesto
Mientras su pie frotaba y frotaba mi miembro a un ritmo cada vez más intenso... el mío entraba y salía, frotaba y empujaba cada vez más mojado por el flujo que emanaba su sexo...
El ritmo se fue acelerando a ritmo vertiginoso, sin saber, sin importarnos, si nos miraban o sentían nuestro estado
En ese momento no pensábamos en los otros
Solo ella y yo, encerrados en nuestro espacio minúsculo de tiempo y espacio

A punto de explotar, de no aguantar ni su roce, ni mi ímpetu, sujeté su pie con ambas manos contra mi pene empalmado, mientras notaba con ella hacia lo mismo con el mío, introduciéndoselo por completo en su vagina como si fuera un cohete a reacción

Ella lo metía y lo sacaba... Poseída
Yo frotaba y frotaba... Poseído
Éxtasis… Espasmos… Corridas… Humedades...
… Calma
Paz… Total y completa calma entre nosotros y a nuestro alrededor
Exhaustos revisamos a nuestros amigos... nada, ninguno había visto, ni oído
Tranquilidad después de la batalla
Un trago de agua... para la sequedad de garganta
De vino para el sofoco y el calentón
Y un cigarrillo en la terraza… un momento de relax, de rebajar tensión

Una cena de antiguos amigos
Una comida extraña
Unos exnovios demasiado parecidos, encontrados después de años y enamorados o únicamente necesitados y poseídos
Mientras fumaba el cigarro 
Me dio un beso en la mejilla
Me susurró algo que me guardo, y como siempre… me dio las gracias
Me deslizó una tarjeta, una llave y ni a hora
Me volvió a mirar como antaño, como recordaba, y se fue directa a la barra a pedirse la primera… de una noche que prometía

No habría ni penúltima, ni última...
Solo tostadas, mantequilla, cruasanes, mermelada, fresas, nata… cualquier detalle necesario por si de repente nos volvían las ganas…

Y como no…

¡¡Café!!
Solo con azúcar y bien cargado



O.

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